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¿Y cuándo será el fin?

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https://liberados-liberated.blogspot.com/2019/02/y-cuando-sera-el-fin.html


por 

Alejandro Roque Glez 

(Edición 2012 ©)




CONTENIDO:

-Introducción.

-¿Y cuándo será el Fin?

-Bebed y embriagaos, y vomitad.

-Es ahora, en lo postrero de los tiempos.

-Una destrucción de repente.

-Y vienen Yahweh, Yahvé, Yavé, Jahvé y Jehová.

-Acerca del autor.
  

INTRODUCCIÓN


Era tiempo de manifestarse la ira de Dios, y aprovechando esta circunstancia local y similar que estaban viviendo, el Espíritu Santo hace transportar proféticamente en su discurso al profeta Jeremías y éste se remonta a 2600 años adelante, a nuestra época, al final de los tiempos. Solo una guerra termonuclear puede alcanzar a todos los rincones del globo terráqueo, como se nos profetiza aquí.

El profeta Isaías, vemos igualmente aquí, nos anuncia un “Dia” de grandes lamentos; según él, las personas buscarán la muerte y no la hallarán; es decir, el sufrimiento es inevitable (Apoc 9:6). Habrá un caos total en el mundo acompañado de desastres naturales (Apoc 8: 7-13; Is 13: 9-11) por lo que correrán de un lugar a otro—como nos indica la cita del profeta Isaías que analizamos—buscando en vano un hueco y sitio seguro donde esconderse.

Dios a través de todas las centurias se ha hecho escuchar, usando para ello a sus profetas y seguidores; aún desde la mismísima Creación (Gn 3:15). ¿Coincidencias? Nunca ha cesado de rememorarnos esa cita ya cercana: “He aquí, vino y fue, dice el Señor Yahweh: este es el día del cual he hablado” (Ez 39:8).

Saludos cordiales,
ARG.


¿Y cuándo será el Fin?


Desde tiempos remotos y a través de muchas culturas y pueblos los humanos han estado conscientes que la humanidad por si sola—sin abrazar al Creador de la vida—de una u otra forma terminarían siendo la trampa de su propio destino, aniquilándose mutuamente una vez que lograran crear la capacidad destructiva necesaria para borrar de sus suelos, a los homo-sapiens en cantidades significativas.

Para aquellos que escudriñan las Sagradas Escrituras bíblicas, especialmente los profetas hebreos de la antigüedad, pueden diferir en la interpretación de un acontecimiento que—aunque tendrá efecto—le parecería a uno u otro en diferentes matices, o podría tener lugar en una cronología distinta. Por citar un ejemplo: el levantamiento de la Iglesia de Cristo en su venida; sin embargo, lo que sí ninguno esta en desacuerdo es que el Final de los Tiempos comenzó oficialmente alrededor del año 1948 cuando se creó el Estado de Israel, y el pueblo hebreo canalizaba un nuevo amanecer, con el retorno de un grupo de sus hijos a la tierra que Yahweh Dios prometió a su amigo Abraham, entonces visiblemente bajo los auspicios de la mayoría de las naciones signatarias en la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Una vez que compartimos esa realidad, veremos otra que se suma al análisis; y es que solo entonces la humanidad fue capaz de crear ese poder destructivo para auto aniquilarse; a partir de este cumplimiento profético significativo que había comenzado extraoficialmente desde 1917 después de la histórica Declaración de Balfour, referente al regreso de los hijos de Israel a su tierra.

¿Coincidencia? Lo cierto es que cuando Hiroshima y Nagasaki hervían bajo un poder nuclear limitado, el mundo pudo—gracias a la reciente expansión cinematográfica—observar lo que para muchos era imposible: que el humano intentara usar armas de destrucción masiva en contra de su propio género. Desde entonces miles de ojivas nucleares han sido creadas e instaladas en cohetes balísticos con diseños cada vez más espeluznantes. Las armas destructivas no se encierran solo en la clasificación nuclear, y de nada vale que nos convirtamos en andábatas—gladiadores que se cubrían los ojos antes de cada asalto—para no observar que ellas se han extendido a todos los niveles: armas químicas, biológicas, radiológicas, combinación de todas, además de que las armas convencionales usadas en cantidades desproporcionadas infligen un golpe similar, en caso de conflagración mundial, originando gases que harían de la vida humana un infierno terrenal.

¿Puede el hombre reconocer el tiempo en que vive analizando las profecías bíblicas? Sí…y sí.

Lo que ocurre es que durante años se hicieron predicciones basadas unas veces en el narcisismo de un líder sectario-religioso, u otras con las mejores intenciones pero sin analizar en conjunto todas las Escrituras proféticas bíblicas que de por si ofrecen un cálculo matemático generacional. El calendario humano, ya sea Juliano, Gregoriano, y otros conocidos—y no conocidos—que han sido usados en la historia han tenido alteraciones significativas, pero así y todo es algo que la Divinidad sabia una vez que Dios decidió—usando a esos profetas hebreos—abrirle al hombre una pequeña ventana política hacia su futuro inmediato (comparándolo con la eternidad), con la idea de hacerle entender que no estaba aislado en este vasto infinito, y que existe un Plan de Redención universal.

Contrario a lo que muchos creen, una guerra nuclear es posible sin desaparecer al planeta; sin embargo, la Tercera Guerra Mundial será devastadora, exterminando la tercera parte de la población mundial y creando un caos apocalíptico de proporciones inimaginables hasta el momento; destruyendo las sociedades e infligiendo sufrimientos y tristezas jamás conocidas; solo la intervención del Creador—como finalmente ocurrirá—podrá frenar esa total auto destrucción contra la raza humana.

Recientemente conversábamos con un amigo sobre el estado irracional pero utilitario del genero animal mientras analizábamos diferentes especies; sin embargo, cuando lo comparamos con el humano, no existe en la historia de la vida alguna especie que pueda sobrepasar al homo-sapiens como el más destructor, vicioso, manipulador, ambicioso y sediento de poder absoluto, aún cuando se cataloga como racional, pues fue creado a imagen de Dios, y es ahí cuando regresamos al jardín del Edén y vemos las consecuencias no solo del pecado, sino el de habernos hecho conscientes de él una vez que decidimos construir nuestro castillo de naipes separados altaneramente de ese amadísimo Creador. El creer valernos por nuestras propias capacidades—de espaldas a Dios—con nuestras religiones seculares humanísticas, o cultos elaborados desde una dimensión demoniaca, han hecho creerse al humano orgullosamente que es su propio dios, y su gran ego no ha encontrado el balance y restricción que solo le puede proveer la Palabra de Dios; así y todo con grandes obstáculos a transitar.

La historia humana que solo ha conocido conflictos tras conflictos, violencias tras violencias, envidias tras envidias, abusos tras abusos, imposiciones tras imposiciones, hambres tras hambres, enfermedades tras enfermedades, y manipulaciones tras manipulaciones, es un testimonio imparcial que convencería al más irracional o escéptico. Con la excepción de un corto período después de la Segunda Guerra Mundial, nuestro planeta y su historia jamás han conocido justicia y paz duradera.

Es una tarea tan impredecible como la crioscopia, el querer determinar el día y la hora en que la Redención humana tendrá lugar. El propio Jesucristo aclaró que el día y la hora descansaba en el conocimiento y seno de Yahweh, y ni él mismo—como Unigénito del Creador—lo sabía; sin embargo el tiempo y los acontecimientos sí. Y es el mismo Señor quien no cesó en su ministerio profético anunciándole a sus seguidores constantemente de que debían estudiar las Escrituras de Daniel y los profetas, así como estar atentos a las sucesiones de hechos que ocurrirían en el transcurso de la historia final.

Estando sentados en el monte de las Olivas sus discípulos le preguntaron: “Dinos, ¿Cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo?” (Mateo 24:3); porque ello era una constante en el discurso del Señor Jesús, conociendo la historia humana y la importancia del establecimiento del Reino de Dios, reino de paz, armonía y vida eterna. El no solo les dijo que analizaran a los profetas, mencionando a uno de ellos—Daniel—sino que también les aseguró que el tiempo sí sería del conocimiento de sus hijos y discípulos; afirmándonos en la parábola de “Las diez vírgenes”, que debíamos perseverar, analizar el mundo, y velar por ese gran día.

¿Entonces podemos conocer el tiempo de su venida? Sí.

Jesucristo les advirtió que la Tercera Guerra Mundial sería dolorosa (Marcos 13:19); cual aflicción que jamás el mundo ha conocido, y ni siquiera habría una semejante después, haciéndola única e irrepetible en la historia humana; pero entendamos esa sentencia, diciéndonos que hay un “después” abierto para aquellos que le creyeron. El Señor seguidamente en el pasaje les proporciona la seguridad de que aquella generación—la nuestra—que estaría viviendo esos días, una vez que se acercaran estarían al corriente de los acontecimientos si conocían las advertencias bíblicas, y para ello lo asemeja con una higuera que está a punto de florecer: “De la higuera aprended la semejanza: Cuando su rama se enternece, y brota hojas, conocéis que el verano esta cerca. Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas”.

Sí, estimado lector, no os dejéis arrebatar la esperanza cercana por aquellos que os dicen que no hay forma de saber sobre los acontecimientos previos a la Redención humana. El Verbo de Dios encarnado nos lo hizo saber; que sí, examinando cuándo las profecías y cosas escritas comenzaran a materializarse ante nuestros ojos; y hoy son más alarmantes que nunca, en un mundo que se lanza una vez más a la conquista humanística de la globalista torre de Babel.

En ocasiones los acontecimientos mundiales, como hemos afirmado anteriormente, ocurren lentos y con gran terquedad por así decirlo; otras veces como en el presente año 2011 navegan velozmente. Es por esto que a veces las fechas generales para los estudiosos de las profecías tienden a ser equivocadas, pero lo que sí es cierto es que estamos en el Final de los Tiempos y que los acontecimientos previos al Advenimiento prometido están ocurriendo frente a nuestros ojos y al descubierto; sin embargo, sofisticadamente enrarecidos con una atmósfera dialéctica y así aparenten causas obvias de la interacción humana en nuestras sociedades y sistemas. Pero no y ten presente, nos encaminamos a las últimas escenas profetizadas en relación con lo anunciado por los profetas hebreos, seguido por un sistema divino y reino donde “el efecto de la justicia será paz, y; y la labor de justicia reposo y seguridad para siempre” (Isaías 32:17). ¿Te anima hacerte amigo del Dios de Abraham, el patriarca que decidió llevar una vida sencilla, aún siendo rico? Jesús nos proveyó con la respuesta adecuada cuando aseguró:

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).



Bebed y embriagaos,

y vomitad.


“Y a todos los reyes de aquilón, los de cerca y los de lejos, los unos con los otros; y a todos los reinos de la tierra que están sobre la haz de la tierra…Les dirás pues: Así ha dicho Yahweh de los ejércitos, Dios de Israel: Bebed, y embriagaos, y vomitad, y caed, y no os levantéis delante del cuchillo que yo envío entre vosotros…No seréis absueltos: porque espada traigo sobre todos los moradores de la tierra…Y serán muertos de Yahweh en aquel dia desde un cabo de la tierra hasta el otro cabo; no se endecharán, ni se recogerán, ni serán enterrados; como estiércol serán sobre la haz de la tierra”.
(Jeremías 25: 26-33)

Era tiempo de manifestarse la ira de Dios, y aprovechando esta circunstancia local y similar que estaban viviendo, el Espíritu Santo hace transportar proféticamente en su discurso al profeta Jeremías y éste se remonta a 2600 años adelante, a nuestra época, al final de los tiempos. Solo una guerra termonuclear puede alcanzar a todos los rincones del globo terráqueo, como se nos profetiza aquí.

Nótese que la guerra es de unos contra otros, abarcará a todo el planeta. No está hablando solo de Jerusalém, sino de los gentiles. Todas las gentes; y le dice claramente al profeta “Tú pues profetizarás a ellos todas estas palabras” (v.30). El pobre hombre de Dios ya estaba adolorido y sufrido de ser portador de malas nuevas para su pueblo y naciones; sin embargo, le era imposible y prohibido—por el Espíritu Santo—de callar el mensaje de Dios, y con ello ver si una pizca al menos de arrepentimiento, pudiera ser vista entre las naciones. ¿Qué ha sucedido? No existió ni ha existido, en toda la historia de la humanidad, ningunas generaciones que han ignorado a Dios, confiados en su tecnología y soberbias, tanto más que las nuestras, las cuales vivimos y respiramos hoy.

Llegó el estruendo hasta el cabo de la tierra; porque es juicio de Yahweh con las gentes: él es el Juez de toda carne…He aquí que el mal sale de gente en gente, y grande tempestad se levantará de los fines de la tierra” (Jer 25:31-32). Sin dudas se refiere a La gran batalla de Al-Megiddo—ya cercana a nuestros días—cuando al final se manifestará la ira del Cordero de Dios (Apoc 6:13-17), y sean juzgadas todas las naciones. Ese día Yahweh bramará desde lo Alto, y desde la morada de su Santidad dará, y se escuchará su voz. Enfurecido bramará contra los moradores de la tierra (v.30).

En el libro del profeta Jeremías no faltan sus lamentos sobre todo lo que veía en el presente, futuro cercano, y milenios en el horizonte; y no por gusto muchos historiadores, entre ellos algunos religiosos, se han burlado de sus constantes lágrimas, hasta el punto de acusarlo de depresivo. Cosa temeraria es atrever a burlarse y acusar falsamente a un vocero del Creador, se sufren consecuencias inevitables por ello. El hombre de Dios sencillamente vió en espíritu el sufrimiento y juicio sobre pueblos y naciones, todas apartadas de Dios. Para muestra de su exactitud incluso nos declara incidentes por separado tales como: “Así ha dicho Yahweh: Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo; Raquel que lamenta por sus hijos, no quiso ser consolada acerca de sus hijos, porque perecieron” (Jer 31:15).

¿A quienes se refería aquí?

Se vivían tiempos angustiosos para Jerusalém y su comarca. Es entonces cuando el profeta en un destello admirable se remonta 600 años más adelante, cuando nacería el niño Jesús; e incitado el impío y malvado rey Herodes, asustado por el nacimiento del Hijo de Dios, el Cristo Divino, y temiendo que el reinado de su dinastía familiar corriera peligro de ser desplazada, manda asesinar a todos los niños menores de dos años en Beth-Lehem.

Las lágrimas por tantas injusticias llegaron al cielo, de manera que no os asombréis cuando los profetas nos manifiestan la ira que Dios desatará un día: el de pedirnos cuentas. Su Hijo juntamente con su obra, ha sido menospreciado de generación en generación por las multitudes del planeta. Yeshua de Nazaret nace en Bethlehem—o Belén—de Judea, y las madres de ese pueblo, dos años más tarde, serían víctimas de un cruel dictador que se codeaba con el Imperio de moda (el romano europeo), elevando su dolor y llanto al contemplar la inescrupulosa masacre en contra de sus pequeñitos.

¡Mundo, si creyeras lo que se te avecina, caerías de rodillas en turbación!


Es ahora:

en lo postrero de los tiempos.



“Y acontecerá en lo postrero de los tiempos que será confirmado el monte de la casa de Yahweh por cabeza de montes, y será ensalzado sobre los collados, y correrán a él todas las gentes. Y vendrán muchos pueblos…Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalém la palabra de Yahweh. Y juzgará a muchas gentes, y reprenderá a muchos pueblos…Métete en la piedra, escóndete en el polvo, de la presencia espantosa de Yahweh…Y la altivez del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada…por la presencia espantosa de Yahweh, y por el resplandor de su majestad, cuando se levantare él para herir la tierra…Aquel dia…”
(Isaías 2: 1-5, 10-21)

Ese “Aquel dia” que nos anunció el profeta Isaías está hoy muy cerca, tan cerca que los ciegos no lo pueden ver. Y nosotros tenemos la penosa y triste tarea de traer malas noticias; avisos de sufrimientos que se avecinan; pero con el objetivo de que creyendo, podáis a tiempo evitarlos para ti y tu familia, y puedas entrar a la eternidad vestido de traje nuevo.

Este pasaje se remonta al final, a lo postrero de los tiempos—nuestra época actual generacional—cuando, según las Escrituras, el escogido de Dios venga a juzgar la tierra.

Aquí Yahweh es representado por Jesucristo, apareciendo en enorme resplandor (Mt 24:27) y gloria bajo un fuego devorador espantoso (2 Ped 3:10). En ese tiempo, y por ello vemos los caldos políticos calentándose desde ahora en Israel—con un breve y falseado pacto de paz que firmarán próximamente—la aflicción en el mundo, producto de las injusticias de sus reyes, llegará a niveles inconcebibles (Mt 24:21), por tanto la altivez y la soberbia de los hombres será abatida y humillada, cuando las trompetas angélicas de los ángeles del Cordero de Dios manifiesten la ira divina (Mt 16:27; Apoc 6:12-17). La tierra será duramente herida (v.19), todo acompañado por una destructora Tercera Guerra Mundial.

Las personas buscarán la muerte y no la hallarán; es decir, el sufrimiento es inevitable (Apoc 9:6). Habrá un caos total en el mundo acompañado de desastres naturales (Apoc 8: 7-13; Is 13: 9-11) por lo que correrán de un lugar a otro—como nos indica la cita del profeta Isaías que analizamos—buscando en vano un hueco y sitio seguro donde esconderse (v. 10,19,21). ¿Se ha preguntado alguna vez el por qué los ricos y poderosos construyen bunkers debajo de sus casas? Ese dia no les ayudará mucho el esconderse. Dios castigará las falsas idolatrías de este mundo, incluyendo las ateas (v.14-16,18), así como a los que tienen parte con ellas (v.20). ¡Ay, ay, ay de los que moran en la tierra! (Apoc 8:13).

Dios hará estremecer los cielos (Is 13:13) y la tierra en su indignación e ira (Apoc 16:18); será un terremoto tan grande cual no fue jamás desde que los hombres han habitado la tierra. El escenario principal de la conflagración mundial será en el territorio de Israel (Apoc 16: 14-16; Ez 38: 12, 18-23). Un sacrificio grande sobre los montes de Israel (Ez 39: 17-21; Is 24: 13-23). Terror, sima y lazo sobre los moradores de la tierra, que será enteramente desmenuzada, afectando tal conflicto a todas las naciones; siendo la población grandemente conmovida. Se nos narra que las puertas del infierno serán abiertas y vistas. Un saqueo total sobre toda la tierra nos predice el profeta Isaías (Is 24: 3-6). Vaciada por obra de Dios en su ira, cayendo por el pecado, la ignorancia, abusos, falsedades e injusticias.

Es el juicio de las naciones.

Del cielo caerán estrellas y meteoritos (Is 34:1; Mt 24:29) y un calor termonuclear espantoso y atormentador que quemará a muchos (Apoc 16: 8-9). Siete plagas postreras en las cuales es consumida la ira de Dios (Apoc 15:1), y como espinas cortadas serán millones consumidos por el fuego (Is 33: 10-14), abatiendo la hipocresía acumulada de los siglos. Buscad a Dios mientras puede ser hallado: ¡Ahora! porque esta vez—se nos anuncia—que Cristo Jesús no viene a dejarse escupir, abofetear o crucificar, sino que viene a juzgar y regir con vara de hierro (Apoc 2:27).

Mientras tantos son quebrantados como vaso de alfarero; los cristianos convertidos que aún permanecen en el planeta serán espiritualmente marcados y señalados (Apoc 7:3), siendo protegidos ante las plagas de Dios para que no vengan sobre ellos. En el momento de la abrumadora destrucción final y al unísono, el mismo Señor Jesucristo con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán primero, y los cristianos que aún viven, el pueblo e Iglesia de Dios, juntamente con ellos serán arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el cielo (1 Tes 4; 16-17); salvos de esa destrucción inmediata, y descendiendo todos juntos para comenzar desde Sión y Jerusalém—como nos dice aquí el profeta Isaías, v.2-3—el reino eterno de Dios, iniciado con el Reino Milenario de Jesucristo (Apoc 20: 4-6); y de ahí que el profeta nos asegure que desde entonces los pueblos “volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada gente contra gente, ni se ensayarán más para la guerra” (v.4).

Entonces podremos decir que la paz reina en la tierra para siempre. ¿Os parece locura lo que el profeta nos asegura inspirado por el Espíritu Santo? No lo es, hay muchas evidencias históricas que coinciden con sus aseveraciones.

El gobierno de Jesucristo desde Jerusalém, estará encabezado por los doce apóstoles y doce tribus administrativas (Mt 19:28). La tierra entrará en un período de mil años de absoluta paz: el Reino Milenario.

No queremos extendernos más en este artículo, de manera que incluiremos las citas que se pueden buscar en el libro del profeta Isaías relacionadas con ese Juicio Final y el Reino Milenario. Ellas hablan por sí solas: son claras, evidentes, y muy esperanzadoras para aquellos que buscan el rostro del Señor bajo cualquier condición, no importa cual oscuro nos parezca el valle a transitar. Deben ser analizadas y estudiadas para así comprender mejor las bendiciones que Dios tiene preparado para sus hijos y arrancar el cáncer del pecado que nos aflige y ha mantenido bajo guerras y gobiernos injustos durante 6000 años de historia humana. Hay otras bendiciones, aún mayores e inimaginables ahora, que Dios nos dice ha reservado igualmente para aquellos que lo aman, y que serán reveladas ya bajo su reino (1 Cor 2:9).

A- Pasajes que en el libro del profeta Isaías tratan del Milenio y su desarrollo: 4:2-6; 5:26-27; 10:20-22; 11:1-2; 12; 14:1-2; 16:5; 18:7; 27:6, 12-13; 29:23-24; 30:21-26; 32:1-5, 15-18; 33:16-17, 20-24; 34:16-17; 35:5-10; 37: 31-32; 40:2, 10-11; 41:18; 43:5-10, 18-21; 44:3-5,23; 46:11-13; 49:10-13, 18-23; 51:3-5; 52:1, 6-10; 54:1-5, 7-14; 55:11-13; 56:1-8; 59:20-21; 60:9-22; 61:3-11; 62:1-4, 10-12; 65:16-25; 66:8-14, 20-23.

B- Pasajes que en libro del profeta Isaías tratan del Juicio Final, Advenimiento de Jesucristo, destrucción de la maldad y sistema mundial. Conflagración mundial entre las naciones, desastres naturales, así como situaciones semejantes que precederán al Advenimiento del Padre Celestial posterior al Milenio de Jesucristo: 5:28-30; 6:11-12; 8:9-10; 10:16-19,23; 11:4; 13:3-13; 14:9-17,21; 16:4-5; 17:12; 18:3-7; 24:3-6,10-23; 25:5-9; 26:1-5,11,19-21; 27:1-6; 28:16-22; 29:6-9,20-21; 30:25, 27-28; 33:10-14; 34:1-4,8; 35:4; 40:15-17; 41:1-5; 42:12-15; 51:6,22; 59:17-19; 60:2; 61:2; 63:2-4; 65:17; 66:15-16,22,24.

Puesto que ya hemos analizado este tema profético que cubre la redención de la humanidad por el Hijo de Dios, pienso que le sea más fácil al lector discernir entre una cita y otra; no obstante, puntualizaré nuevamente que en las Sagradas Escrituras, a veces las profecías son como dos picos montañosos que observamos desde lo lejos; los cuales aparentan estar uno junto al otro, pero que una vez que avanzamos y nos acercamos divisamos que ambos pueden estar separados hasta una distancia de mil, dos mil o tres mil metros uno del otro. De la misma forma ocurre con las alusiones de los profetas, quienes a veces se están refiriendo y tratando un hecho o situación inmediata o próxima a ocurrir; sin embargo, aprovechando la similitud, el Espíritu Santo se manifiesta a través de ello, y lo transporta proféticamente a 1000, 2000, 3000 años adelante. A veces ni los profetas imaginaban con exactitud hacia cuál época en específico profetizaban, como le ocurrió al profeta Daniel (Dn 8:27), aunque lo escribían cuidadosamente para la posteridad.

Tengamos siempre esto en cuenta al momento de analizar las profecías bíblicas, y así evitar confusiones.



Una destrucción de repente.



“Yahweh Dios traerá sobre ti gente de lejos, del cabo de la tierra, que vuele como águila, gente cuya lengua no entiendas. Gente fiera de rostro, que no tendrá respeto al anciano…hasta destruirte. Y te pondrá cerco en todas tus ciudades y en toda tu tierra…”
(Deuteronomio 28: 49-52)

Así ocurrió literalmente siglos después. Una vez que el Imperio Asirio es subyugado en el 607 a.C, el imperio Babilónico que duró aproximadamente desde 606-536 a.C ; alrededor del año 586 a.C las tropas del rey babilónico Nabucodonosor, y después de mantener cercada la ciudad por un extenso período, finalmente la incendian y arrasan, llevándose muchos cautivos de entre los sobrevivientes del pueblo hebreo.

Baste recordar, leyendo el libro de las Lamentaciones de Jeremías, y vemos cómo este sufrido profeta veía, en medio de la destrucción que le rodeaba, destilar una y otra vez lágrimas de sus ojos: “Por esta causa yo lloro; mis ojos, mis ojos fluyen aguas; porque se alejó de mí consolador que dé reposo a mi alma…Mis ojos desfallecieron de lágrimas, rugieron mis entrañas; mi hígado se derramó por tierra, por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo, cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad” (Lm 1:16; 2:11).

Un sufrimiento tremendo al ver la destrucción de Jerusalém por los babilonios, viendo el hambre, la pudrición, los niños y mancebos muertos que yacían por las calles (Lm 2: 19, 21). Estaban recogiendo abundantemente el fruto de su desobediencia a Dios, de sus maldades, abusos, injusticias, falsas idolatrías y cultos satánicos e inmoralidades, y mentiras vanidosas que falsamente les habían predicado los supuestos líderes religiosos y profetas: “…Tus profetas vieron para ti vanidad y locura; y no descubrieron tu pecado para estorbar tu cautiverio; sino que predicaron vanas profecías y extravíos…Yahweh Dios ha hecho lo que tenia determinado. Ha cumplido su palabra que él había mandado desde tiempo antiguo: destruyó y no perdonó…Derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor…” (Lm 1: 5, 8-9, 17, 19; 2:14).

En nuestros días pasa igualmente con los líderes religiosos de grandes ministerios. Solo predican prosperidad, paz, y buenos agüeros, olvidando los abusos que se cometen en este mundo, las injusticias y manipulaciones, la falta de derechos civiles y humanos, así como cultos oscuros envilecidos, junto a las imposiciones de los más poderosos que nunca levantan sus ojos al cielo; pero no le revelan al pueblo—como hizo Jeremías y nadie le oyó seriamente—sobre la ira que se acercaba y el juicio al que serían prontamente expuestos; pagando abundantemente por ello.

No hablan del Apocalipsis ni de las profecías por no perder popularidad ni ser marcados como fanáticos o políticamente incorrectos. Solo hablan astutamente que a Dios se puede llegar por mil caminos, fabrican otros cientos de santuelos, vírgenes e ídolos inanimados, cultos a muertos, entregan sus vidas a políticos desalmados, plastican sus propias filosofías relativas de la vida; en fin, ignoran al Creador de los cielos, y a la obra redentora de su Hijo Jesucristo. Ciegos, guías de ciegos; malos negociantes, pésimos líderes, cantores huecos de sibilinas y tuertas alabanzas insalvables. Hoy estamos cerca del final de los tiempos y andamos igualmente en rebeldía. ¡Tierra, Tierra, escucha la palabra de Yahweh (Jehová, El-Shaddai, Eloim) Dios Todopoderoso! (Jer 22:29).

Busca a Cristo Jesús para que seas salvo antes del día de la ira que se acerca (Apoc 6:17). No es locura lo que te estamos diciendo, y aún cuando somos tan imperfectos como tú, es la verdad tallada en nuestros corazones por el Espíritu Santo de Dios. Ahí está inscrito en la historia, cerca de tus manos. Jerusalém nunca creyó e imaginó que algo así le podría ocurrir (Lm 2:15; 4:12), ni nadie lo supo hasta que lo sufrieron de repente; sin embargo, se acerca un sufrimiento tal cual no hubo otro en la historia de la humanidad: “Porque habrá entonces gran aflicción, cual no fue desde el principio del mundo hasta ahora ni será” (Mt 24: 21).

La destrucción anunciada por los profetas y el Hijo de Dios vendrá igualmente de repente.

El mundo confiado en sus pasatiempos, carreras políticas, ciencia, tecnología, falsas idolatrías y burlas hacia Dios…pero el día menos esperado, cuando ya sea tarde, caerá destrucción repentina (Lc 17: 24-30). Ese día vendrá como ladrón en la noche (1 Tes 5: 2-3); en el instante que no esperas (Lc 12:46).

¡Mejor prepárate como hizo el profeta Jeremías!



Y vienen Yahweh, Yahvé, Yavé,

Jahvé y Jehová.



“Cantad a Yahweh toda la tierra…cantad entre las gentes su gloria. Y en todos los pueblos sus maravillas…venid delante de él….El mundo será aún establecido…Y digan en las naciones: Reina Yahweh. Resuene la mar, y la plenitud de ella…Porque viene a juzgar la tierra”.
(1 Crónicas 16: 23-24, 28-33)

Este es un cantico profético del rey David; que—además de rey—fue músico, militar, y en ocasiones profeta de Dios (2 Sam 23:2). En esta profecía él se remonta hacia el final de los tiempos; es decir, más de 3000 años adelante desde su época, cuando el Hijo de Dios comience su Reino Milenario (1 Cor: 23-25).

El nombre de Dios proviene del tetragramatón YHWH. La pronunciación de Yahweh, Yahvé o Jehová, surge del hecho que si no se le añadían vocales a esas consonantes es imposible pronunciarlo. Con los años los judíos perdieron, bajo temor de usar el nombre de Dios en falso, el sonido de la pronunciación correcta. Jehová específicamente viene del uso de Adonai—que significa Señor—y esas vocales añadidas a las consonantes YHVH, producen el sonido cercano a Jehová, originalmente iniciado en 1518 por Pedro Galatino, el confesor del papa León X; sin embargo, las investigaciones modernas y rabínicas concuerdan que la pronunciación se debe acercar más a: Yahweh, Yahvé, Yavé, o Jahvé. En nuestros escritos usamos la pronunciación Yahweh, que es la versión inglesa, porque a su vez incluye las cuatro consonantes YHWH, y de ahí que sea más informativa, teniendo en cuenta también que el idioma inglés es internacional. Las consonantes del tetragramatón YHWH ó YHVH—nombre de Dios—significan “Yo soy el que soy” (Ex 3:14).

En la biblia—contrario a lo que muchos piensan—vemos que la mención del nombre de Dios (Yahweh, Yavé o Jehová) no significa siempre que sea obligatoriamente la aparición del Padre Santo en persona; a veces es dado a un portador, a un ángel que habla en nombre de Dios, como cuando Yahweh da sus leyes al pueblo de Dios, no sin antes aclarar: “He aquí yo envío al Ángel delante de ti para que te guarde en el camino…oye su voz…porque mi nombre está en él (Ex 23: 20-21; Zac 3: 1-2); otras veces se refiere a Cristo Jesús, el Hijo Divino del Altísimo.

El profeta Isaías nos revela, a través del Espíritu Santo, que Jesucristo sería llamado Dios fuerte, Padre eterno y Príncipe de paz (Is 9:6; 11: 1-2; 40: 9-11); en fin, la divinidad no esta tan interesada en discusiones de caracteres, sino en hacer llegar el mensaje del verdadero Dios sin confusión, ni substitución por falsos dioses creados por los humanos; o extintos líderes políticos y religiosos, que una vez muertos han sido beatificados, como dignos de adoración divina; algo condenado en las Santas Escrituras clara y enfáticamente.

Es por ello que el cuerpo de Moisés nunca haya sido recuperado. No obstante así, el diablo tuvo que ser reprendido por el arcángel Miguel (Jud 9) cuando quería que se encontrara el cuerpo de Moisés, con la esperanza de quizás haberlo mantenido hasta nuestros días como un objeto de adoración divina, desviando al pueblo del Altísimo de su culto al verdadero Dios; o algo parecido a lo que sucedió después con el apócrifo Mahoma, que diseñó sus últimos años de vida para quedar como el gran profeta—que nunca fue—reverenciado como un falso mediador ante Dios y los hombres.

En este pasaje que analizamos se refiere a Jesucristo, el Mesías de Dios, que vendrá en poder y gloria a juzgar el mundo conocido (Mt 13:41; 16:27), y establecer su Reino Milenario (Apoc 20: 4-6). David nos lleva en este cantico a esa futura redención de la humanidad, personificado en Yahweh, Cristo Jesús, que juzgará la tierra estableciendo un gobierno administrativo global (v.31, 33).

Estas profecías acerca del futuro advenimiento del Salvador y Redentor, seguiremos analizándolas y viéndolas una y otras veces en los Salmos (Sal 2), y en cada libro de los profetas. Es importante ver cómo Dios se preocupa en anunciarnos el día de la redención humana por el Hijo de Dios a través de todas las centurias, usando para ello a sus profetas y seguidores; aún desde la mismísima Creación (Gn 3:15). ¿Coincidencias? Nunca ha cesado de rememorarnos esa cita ya cercana: “He aquí, vino y fue, dice el Señor Yahweh: este es el día del cual he hablado” (Ez 39:8).

(P/D: Para información más detallada sobre los acontecimientos que tendrán lugar en los últimos 42 meses de la historia humana leer libro del autor titulado: Apocalipsis de San Juan, Interpretación y explicación del libro).

FIN.
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ACERCA DEL AUTOR

El autor de ‘¿Y cuándo será el Fin?’ nació en Ciudad Habana en el año 1964, y actualmente reside en el sur de la Florida, Estados Unidos. Entre sus escritos se encuentran el libro autobiográfico ‘Nacido Patria o Muerte’, ‘Excepcion_al. Crónicas de Papefu’, ‘Profetas Mayores del Antiguo Testamento’ y ‘Sufrimiento, amor y esperanza: Una historia de la vida real’; junto a las novelas literarias ‘Aventuras de Victorino Chang’, ‘El gran pacificador del Infierno’ y ‘El Rey Victorino’; entre otros proyectos.

Como dato complementario relacionado a la trayectoria educacional del autor, es graduado con una Maestría en Ciencias (MS) en Nova Southeastern University (NSU); con una Licenciatura en Artes (BA) en Florida Atlantic University (FAU), ambas en los EE.UU; y graduado como Piloto de Combate y Mando Táctico en el Instituto Militar Superior de las Fuerzas Aéreas Soviéticas A. Serov en Krasnodar, antigua URSS.

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