Será dicho de la Estrella de Jacob.

por Alejandro Roque Glez.




Así ha sido y será dicho de Israel: ¡Lo que ha hecho Dios! Efectivamente, Israel es la Historia Sagrada, sus testimonios, sus profetas. Es igualmente la imagen de cómo Dios ha tenido que lidiar con los humanos a través de seis milenios. Los humanos, enfrascados en sus intereses egoístas, tratando de abarcar más, creando clases sociales de acuerdo a determinado alcance monetario y no como eslabón nivelado de santidad; y es por esto que también dice: ¡Ay de los que juntan casa con casa, y allegan heredad a heredad hasta acabar el término!¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra? Igualmente el Creador ha tenido que en asombro presenciar a un mundo que—unas veces citando al judío A. Einstein—absolutiza una relatividad inexistente para todo, incluyendo la tergiversación de la institución moral de los estatutos divinos, y de ahí la sentencia de: ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! (Is 5:8, 20).

Israel es la Biblia, es Cristo Jesús: el Hijo de Dios, judío, según la carne. Por Israel y a través de Israel hemos llegado a Dios; lo hemos conocido entendiendo su carácter en interacción con sus criaturas; y hemos sido ahora hecho partícipes por la sangre de Cristo de la República de Israel (Ef 2:12-13); por ello el apóstol san Pablo le advirtió a la Iglesia en carta a los romanos: “Porque no quiero hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis acerca de vosotros mismos arrogantes; que el endurecimiento en parte ha acontecido en Israel, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles…Vendrá de Sión el Libertador, que quitará de Jacob la impiedad (Rom 11: 23-27). Esa arbitraria soberbia e impiedad que hemos visto en el pueblo judío, en cuanto al reconocimiento del Mesías de Dios, ha cumplido un propósito preanunciado por el Creador en su omnisciencia de los tiempos.


En el pasaje que analizamos se usa el nombre de Seth como representante de las naciones, porque fue el hijo de Adam (Gn 4: 25), y a través su descendencia vino Noé (Gn 5: 29), de quien vinieron más tarde: Sem, Cam y Jafet (Gn 5:32), pobladores de todo el planeta después del diluvio universal (Gn 8: 13-18). De ahí que cuando en el pasaje base se nos dice: “destruirá a todos los hijos de Seth”, se está refiriendo a los ejércitos y naciones que se congregarán para la 3ra Guerra Mundial (leer articulos en este blog titulados La gran batalla de Al-Megiddo, Primera y Segunda partes). Esto ocurrirá en las inmediaciones y territorio de Israel, previo a los hechos que finalmente producirán el Advenimiento de Jesucristo, en poder y gloria. Esta batalla final (Ez 38: 8-9, 21; 39:4-8) es también conocida en la literatura como la batalla de Armagedón (Apoc 16:14-16), y si está interesado es descrita en nuestro libro 'Apocalipsis de San Juan. Interpretación y explicación del libro'.