En tu fe vivirás.

por Alejandro Roque Glez.

"…el justo en su fe vivirá…porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Yahweh, como las aguas cubren la mar."
(Hab 2:3-4, 13-14)

Esta es una profecía que señala a la futura—pero cercana—época que marca el establecimiento del reino prometido en las Santas Escrituras a través de los siglos, y comenzando con el Reino Milenario de Jesucristo. Leer en este Blog articulo relacionado: El Reino Milenario.

Todos los profetas en el transcurso de las centurias, y usando su propio lenguaje, anunciaron el Final de los Tiempos, seguido con la instauración del reino de Dios, regido por el Mesías Cristo descendiente del tronco familiar Davídico.
En este momento que escribimos, el mundo mediático—además de ignorar las miles de víctimas que anualmente mueren en el globo terráqueo y no otro, perseguidos unos y aniquilados el resto por ser cristianos—se empeña en un ataque masivo en contra del cristianismo y el verdadero Dios. ¿Por qué? Ello nos recuerda al siglo siguiente posterior a la partida de Cristo, cuando el diablo estaba bien activo tratando de dividir a su Iglesia con tratados y grupos gnósticos; sin embargo, una vez que no logró su cometido, exacerbó al Imperio Romano para que echara todas sus andanzas y culpas sobre los cristianos, y así poderlos asesinar vilmente, amparados por la ley. Si para entonces ocurría una sequía o desastres sociales, la culpa era delegada sobre el pueblo de Dios, seguido por una despiadada persecución, y donde muchos mártires inocentes entregaron valerosamente sus vidas.

Hoy los efusivos y raquíticos religiosos-ateos de la industria mediática, ideológicamente cegados y anieblados por el Lucífero de antaño, se esfuerzan primeramente por ridiculizarnos en cada oportunidad que se les presenta; ya sea en el cine, teatro, televisión o prensa escrita. Se nos muestra como cortos de mentes, fanáticos, locos, y espérelo—estimado lector—llegará el momento, ya cercano, en que se nos pondrá el sello mundial de peligrosos. Una vez catalogados dentro del ensamblaje que usan para detallar a los terroristas, tendrán las puertas “legales” abiertas y así masacrarnos invisiblemente; no sin antes emplear sus artimañas y manipulaciones con la esperanza de hacernos negar públicamente nuestra fe.

Tan corta y llena de sinsabores es esta vida y ha sido la historia humana para quienes no tienen esperanza. Muchos negarán su fe: con sus actos o testimonio verbal, tratando de evitar alguna desventaja pasajera, atrayendo así su propia perdición eterna. Lo cierto es que el verdadero cristiano no debe preocuparse si es ridiculizado, porque su fe no es basada en campañas y corrientes ideológicas como la de estos apologistas del Nuevo Orden Mundial a todos los niveles; sino que como dijo el apóstol san Pablo, al final de su carrera apostólica, en carta a su discípulo amado Timoteo: “no me avergüenzo; porque yo sé a quien he creído” (2 Tim 1:12). En el camino de la fe muchas piedras inundan el tiempo, pero en el horizonte, claramente se divisa la cascada de luz y fuente de la vida eterna.

El profeta Habacuc nos asegura esa esperanza revelada cuando nos anuncia que “el justo en su fe vivirá” (v.4). Por eso te decimos: no eres y no seas un fanático, y no trates de simpatizar forzadamente con un mundo que os rechaza; porque aunque no lo sepas, eres como un espejo que les arrebata su ignorancia.
De manera que de nada vale vuestra continencia en proclamar vuestra fe a quien os lo pida, sino que debéis continuar anunciando las Buenas Nuevas Evangélicas, y vivir con la seguridad que la esperanza prometida por Jesús está a las puertas; mientras continúas con los quehaceres cotidianos sin rechazar el derecho al beneficio de la existencia misma, y sabiendo que “la fe es por el oír; y el oír por la palabra de Dios” (Rom 10:17).

El justo vivirá eternamente por su fe en Dios y su Hijo Jesucristo (v.4) y cuando os parezca que la promesa se tarda, leamos las palabras del profeta Habacuc cuando asegura que “aunque la visión tardara aún por un tiempo, mas al fin hablará, y no mentirá; aunque se tardare espéralo, que sin duda vendrá, no tardará” (v.3). De nada vale todo el esfuerzo desechable en el cual este mundo se ha empeñado de espaldas al Creador (v.13), porque “la tierra será llena del conocimiento de Yahweh, como las aguas cubren la mar” (v.14). Su trabajo ha sido para el fuego: el que devora y el que limpia (2 Ped 3:10); y la tierra será llena de su gloria y alabanzas (3:3).

(¿Cómo será la vida en nuestro planeta una vez que el Señor cumpla la promesa de su Advenimiento? Si está interesado puede leerlo en forma de narrativa literaria recreada en el libro del autor titulado: 'El Rey Victorino').