En tu fe vivirás.

por Alejandro Roque Glez.



En este momento que escribimos, el mundo mediático—además de ignorar las miles de víctimas que anualmente mueren en el globo terráqueo y no otro, perseguidos unos y aniquilados el resto por ser cristianos—se empeña en un ataque masivo en contra del cristianismo y el verdadero Dios. ¿Por qué? Ello nos recuerda al siglo siguiente posterior a la partida de Cristo, cuando el diablo estaba bien activo tratando de dividir a su Iglesia con tratados y grupos gnósticos; sin embargo, una vez que no logró su cometido, exacerbó al Imperio Romano para que echara todas sus andanzas y culpas sobre los cristianos, y así poderlos asesinar vilmente, amparados por la ley. Si para entonces ocurría una sequía o desastres sociales, la culpa era delegada sobre el pueblo de Dios, seguido por una despiadada persecución, y donde muchos mártires inocentes entregaron valerosamente sus vidas.


Tan corta y llena de sinsabores es esta vida y ha sido la historia humana para quienes no tienen esperanza. Muchos negarán su fe: con sus actos o testimonio verbal, tratando de evitar alguna desventaja pasajera, atrayendo así su propia perdición eterna. Lo cierto es que el verdadero cristiano no debe preocuparse si es ridiculizado, porque su fe no es basada en campañas y corrientes ideológicas como la de estos apologistas del Nuevo Orden Mundial a todos los niveles; sino que como dijo el apóstol san Pablo, al final de su carrera apostólica, en carta a su discípulo amado Timoteo: “no me avergüenzo; porque yo sé a quien he creído” (2 Tim 1:12). En el camino de la fe muchas piedras inundan el tiempo, pero en el horizonte, claramente se divisa la cascada de luz y fuente de la vida eterna.