Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.

por Alejandro Roque Glez.


“Los cuales tomaron para sí mujeres de Moab…y el nombre de la otra Ruth…Orfa besó a su suegra, mas Ruth se quedó con ella…Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo…así me haga Yahweh Dios que solo la muerte hará separación entre mí y ti”.
(Ruth 4: 11-12, 14, 17-22)

Estas palabras proféticas relacionadas con el hebreo Booz y Ruth comenzaron a cumplirse dos generaciones más tarde, cuando bajo esa línea y descendencia familiar nace el famoso rey de Israel David (v. 17, 22); pero aún cuando Booz y Ruth no lo imaginaban, fue a través de ese tronco familiar—y a quien estaba destinada esta anunciación profética—que esta bendición se vió finalmente materializada mil años más tarde cuando Cristo Jesús, el Hijo de Dios, nace como producto de esa unión marital entre Booz y Ruth, según la carne. Esta promesa fue repetidamente recordada y pronunciada de parte de Dios a David en diferentes ocasiones de su vida (Sal 89: 3-4; Is 9: 6-7), como rey ungido de Yahweh Dios.

Cristo Jesús es pues el sentido final de esta profecía, y es por ello que Dios lo anuncia a través del Espíritu Santo, dejando inscrito en la Historia Sagrada este pasaje de la vida y unión matrimonial de Booz y Ruth; mostrándonos fehacientemente su omnisciencia sobre la descendencia del Mesías prometido, y como evidencia para que nosotros podamos comprobarlo, y no ya simplemente creerlo por fe.

Esta evidencia histórica, a través del árbol genealógico de José, padre legal de Jesús según la ley (Mt 1:5; Lc 3:32), también es confirmada al proveernos no ya la familia por el cual vendría el Mesías, sino también el lugar de su nacimiento en Beth-lehem (Belén), cuando le dicen sus conciudadanos: “Y dijeron todos los del pueblo que estaban a la puerta con los ancianos: Testigos somos. Yahweh Dios haga a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales dos edificaron la casa de Israel; y tú seas ilustre en Efrata, y tengas nombradía en Beth-lehem” (v.11).

Esta profecía del nacimiento del niño Jesús en Belén la veremos igualmente repetida por boca del profeta Miqueas quien profetizó en tiempos de los reyes Jotam, Acaz y Ezequías, cubriendo alrededor de un período desde el 749 al 697 a.C. Sus profecías comprendieron fuertes críticas al perverso rey Acaz; sobre la destrucción de la capital del Reino del Norte Samaria, y el futuro advenimiento del Mesías Redentor; señalando con precisión incuestionable el lugar de su nacimiento cuando—al igual que en tiempos de esta historia de Booz y Ruth—profetizó inspirado por el Espíritu Santo: “Mas tú, Beth-lehem Efrata, pequeña para ser en los millares de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días del siglo. Empero los dejará hasta el tiempo que para la que ha de parir; y el resto de sus hermanos se tornará con los hijos de Israel” (Miq 5: 2-4).

Algo muy importante en señalar es que Ruth, quien por lo ya analizado se convirtió en genealógica abuela lejana de Cristo, por la ascendencia familiar a través de José—padre según la ley del niños Jesús—no era una israelita, ni era parte del pueblo hebreo. Era moabita, extranjera, gentil, y por tanto una profecía misma dentro de otra, al demostrar Dios con ello—a través de ella—que siglos posteriores los gentiles serían admitidos también en el pueblo de Dios...

(¿Cómo será la vida en nuestro planeta una vez que el Señor cumpla la promesa de su Advenimiento? Si está interesado puede leerlo en forma de narrativa literaria recreada en el libro del autor titulado: 'El Rey Victorino').